viernes, 31 de enero de 2014

¿Cómo mejorar la gestión del deporte municipal en tiempos de crisis?



Las entidades deportivas municipales deben encontrar acomodo en momentos de incertidumbre, adaptándose a la nueva realidad. Para ello se ofrecen las sugerencias siguientes:


- Las plantillas no podrán crecer (en algunos casos incluso reducirse), pero si reorganizarse. Será necesario analizar los recursos humanos de las entidades: cuántos son, dónde están, qué funciones desarrollan, qué formación y capacidades tienen, que posibilidades de polivalencia y movilidad, etc. Y preguntarse si pueden ejercer alguna función con coste económico directo que se podrían ahorrar, sin mermar las prestaciones finales a los usuarios deportistas. Se intentará acabar con las duplicidades y el solapamiento de oficinas, organismos, departamentos, servicios, funciones y tareas -sobre todo cuando conviven en una misma instalación gestión directa e indirecta, que generan ineficiencias significativas-. Se deberían eliminar, o al menos limitar, los cargos de confianza y de designación, asesores, etc.

- Las instalaciones deportivas que puedan construirse en el futuro deberán responder estrictamente a un programa de necesidades según deseo expreso de la ciudadanía. La reconversión de las más antiguas tomará protagonismo. La concesión de obra pública como forma viable de satisfacer nuevas necesidades y demandas, una vez se supere el frenazo actual, ganará adeptos si se facilita el crédito y la financiación. El uso libre y autónomo de los vasos de piscina convencionales para el nado parece decaer, por lo que debe compensarse con actividades dirigidas atractivas y divertidas que optimicen los altos costes de su funcionamiento.

- Las actividades, los cursos y los programas deportivos deberían ser diseñados, promocionados y prestados a plena satisfacción del usuario. El fitness en todas sus manifestaciones de salas y gimnasios, el agua con toda clase de cursos y actividades organizadas y recreativas. El fútbol, el pádel y el tenis ya son y serán las estrellas de la demanda y deben ser también el núcleo de la oferta municipal.

- El deporte y la salud reforzará sus vínculos y su maridaje. Y mejor si se consiguen unas prácticas reales y objetivas de calidad, en las que sean visibles y tangibles sus beneficios. Para ello también es imprescindible la regulación de las profesiones del deporte y la prescripción personalizada y adecuada en intensidad, duración y frecuencia para cada persona por un técnico deportivo cualificado. ¿Cómo se demuestran de manera objetiva esos beneficios del deporte para la salud? Será imprescindible desarrollar test autoadministrables que midan la mejora de la resistencia, la fuerza y la flexibilidad de las personas que hacen deporte con una intensidad, duración y frecuencia adecuada.

- La calle, el parque, la playa o la ribera ya están ganado protagonismo como espacio de preferencia de algunas prácticas autogestionadas: caminar, correr, el ciclismo y las actividades de deslizamiento (skate, patines...), por ejemplo. Las organizaciones y los gestores deben salir de los despachos y tomar, en lo posible, posiciones en la calle para gestionar adecuadamente esta realidad creciente.

- La autofinanciación funcional deberá construirse en el objetivo estratégico de las entidades deportivas municipales, mientras que la transparencia en la gestión económica lo deberá presidir todo. Para ello se sugiere abordar varias acciones: una gestión más exigente de los proveedores, con revisión de los contratos vigentes de prestación de servicios (limpieza, vigilancia, socorrismo, recepción, mantenimiento...) y negociar una reducción del precio aunque ello implique cierta reducción de prestaciones complementarias. Como reciprocidad, las facturas hay que pagarlas en un plazo razonable (40-50 días), como señala la ley de morosidad. Además se podrían centralizar las compras de bienes corrientes y servicios con la idea de reducir el precio global de las mismas al adquirir mayores cantidades de suministros como la electricidad, el gas, la telefonía, la limpieza, la jardinería o la seguridad. Se deberán mejorar los pliegos de condiciones de contratación y se utilizará prioritariamente la subasta frente al concurso, lo que exige saber muy bien qué se quiere contratar y definirlo con claridad, delimitar con precisión el objeto del contrato y las prescripciones técnicas, y exigir la adecuada solvencia económica y técnica de los licitadores. El perfil del contratante deberá estar permanentemente actualizado en internet y al alcance de cualquiera, con todos los concursos públicos hasta el final de su procedimiento.

- Ensayar la elaboración de los presupuestos de forma participativa para que dejen de ser la inspiración de unos pocos y la sociedad conozca mejor el balance económico del resultado de la gestión.

- Habrá que revisar los precios públicos y las tasas para cumplir más estrictamente la ley. El sistema de tarificación deberá flexibilizarse y personalizarse a nuevas exigencias. Habrá que tener en cuenta a los otros agentes del deporte y, especialmente, a los operadores privados concurrentes para fijar la cuantía de los precios públicos de manera responsable y tras un pormenorizado análisis de los costes.

- El deporte federado de manera general, y muy especialmente el fútbol y el baloncesto profesional, en crisis desde hace décadas, tendrá dificultades si no corrige sus irracionalidades e irritantes costes y reduce la dependencia de la subvención, adaptándose a la racionalidad económica. Si los directivos no aumentan la asunción de más responsabilidad sobre los resultados de su gestión, no se aborda el relevo generacional de sus mandatarios y no se reinventa la gestión, los ayuntamientos deberán ayudarles a ver y afrontar su verdadera realidad, y no a disfrazarla.

- El deporte escolar y su función educativa deberá revisarse para dejar de ser una mala copia de ese deporte federado endémico y casi agónico. Hay que asegurar que la escuela se sitúe en el núcleo esencial del proceso de programación y organización, donde el deporte está al servicio del desarrollo integral del niño, y no éste al servicio del deporte, del resultado, del centro o del club. La figura del educador debe prevalecer sobre la del entrenador.

Conclusiones
En resumen, se debe rediseñar todo con el ciudadano en la cabeza y en el corazón: las políticas, las instalaciones, las ofertas de programas, las organizaciones, las tarifas, la promoción y la comunicación, los sistemas de calidad, el modelo de asociacionismo..., todo. Y debe hacerse con la máxima transparencia, en cooperación con otros y con un espíritu crítico que nos lleve a reconstruir y reorientar el conjunto de la política y la acción deportiva municipal, y adaptarla de forma continuada y sostenible a la nueva realidad social. Para afrontar estos desafíos, superar las dificultades que se presenten y alcanzar el éxito en esta complicada misión, están los gestores deportivos, preparándose y trabajando día a día.

Referencia:

Teruelo Ferreras, B. Instalaciones deportivas XXI, ISSN 0212-8519, Nº 170, 2011 , págs. 64-70

miércoles, 29 de enero de 2014

La eficiencia en el deporte público en tiempos de crisis

  • En los tiempos que corren, ya no hay lugar a dudas en la gestión pública del deporte. Hay que reducir gastos y cambiar la eficacia por la eficiencia. Si hace 5 años la crisis empezaba a asomar la cabeza entre las distintas administraciones, actualmente los ayuntamientos, como grandes responsables  de las políticas deportivas locales, se encuentran en una situación económica más que desesperada, lo que repercute también en el sistema deportivo municipal. La situación actual ¿es consecuencia del despilfarro o de un mal sistema de financiación? Y, lo más importante, ¿cómo solucionarla?

                                                       Ante la situación actual de los ayuntamientos, el deporte público
                                                       debe apretarse el cinturón a fondo .                                                      

Entre los años 1990 y 2007 los presupuestos municipales aumentaron gracias a la boyante recaudación por licencias de obras y por impuestos como el de plusvalías y el de construcciones de viviendas y parques empresariales. Los ayuntamientos elevaron sus inversiones, pero también su gasto corriente: crearon sociedades municipales e incrementaron sus plantillas. A la vez, cada inversión suponía más gasto corriente. Se construía un equipamiento, y éste requería personal, mantenimiento e, incluso, asumir pérdidas. Además, se aprobaban convenios colectivos muy dignos para los funcionarios o contratados laborales públicos, pero insostenibles para la hacienda pública, tal y como se está comprobando ahora.

En las décadas de los 80 y 90 el deporte se empezó a popularizar y los ayuntamientos destinaron grandes presupuestos a inversiones, medios materiales y económicos para intentar que toda la población tuviera la posibilidad de acceso a la actividad física y el deporte. Se proyectaron y construyeron grandes y costosos centros deportivos, que en unos casos se ocuparon, aunque no en todos sus horarios, y en otros se redujo la franja horaria de uso (tardes de 17.00 a 21.00 horas principalmente). Además, durante los años 90, muchos ayuntamientos dieron un paso más en la oferta de actividades con la construcción de centros de spa y balnearios urbanos o salas de máquinas con alta tecnología, con el beneplácito de los directivos y políticos de turno, que entendían que la filosofía era ofrecer una actividad de alta calidad, al considerar que todo vecino tiene derecho a este tipo de instalaciones sin tener en cuenta sus costes. Eran tiempos de excesos y derroche de muchas corporaciones.

También es cierto que a finales de los 90, algunos consistorios empezaron a dar marcha atrás en su política de gastos. Dándose cuenta de que los costes eran muy elevados, optaron por la gestión concertada de los centros deportivos públicos, al considerar que se abarataban los costes y se mantendría la calidad de los servicios. No obstante, muchos gestores tampoco se dieron cuenta de una puntualización sobre la calidad de los servicios: en los años 80 una actividad de mantenimiento físico tenía un número de 40 alumnos y una clase de enseñanza de natación, entre 10 y 20 alumnos; en los años 90, en esa apuesta por la mejora de la calidad del servicio, el número de alumnos se redujo a menos de la mitad, con el considerable coste, fundamentalmente en técnicos.


                                                 La eficiencia en la nueva política deportiva municipal debe tener en
                                                 cuenta otros modelos de gestión y la máxima reducción de gastos en los centros


Una gestión eficiente

Como puede deducirse de ese breve resumen histórico, la filosofía de los estamentos públicos municipales era dar unos servicios de calidad similar a gimnasios y centros deportivos privados, entrando en competencia con ellos, pero a precios muy reducidos, lo que suponía que en muchos casos la subvención media de un servicio estaba por encima del 60-70%, algo claramente insostenible, como se está demostrando actualmente. Esta situación ha sido denunciada continuamente por los centros deportivos privados como competencia desleal, lo cual no quiere decir que siempre tuvieran razón. Actualmente los ayuntamientos están en una situación económica totalmente caótica, en la que incluso no pueden pagar ni a sus proveedores, siendo la ruina de muchos de estos. Esta situación obliga a tener nuevas y creativas iniciativas, especialmente eficientes.

Ante la situación actual, algunos consistorios ya están tomando cartas en el asunto, tales como la concertación con grandes empresas de acuerdos de construcción y gestión a largo plazo, 30 ó 40 años, en los que los ayuntamientos lo único que ofrecen son los terrenos y, en algunos casos, unos precios básicos en los abonos. El sector, por tanto, está pasando de la gestión 100% pública a una gestión mixta.

Otra opción puede ser dar un pequeño paso atrás y cambiar políticas internas o de uso muy exigentes por otras más flexibles, por ejemplo el aumento de alumnos en cada grupo de actividad con el fin de hacerla más rentable económicamente sin tener que elevar los precios. en este caso, la masificación de las clases será el punto menos negativo, pues siempre es peor dejar de prestar el servicio. Además, pese a la masificación de las actividades deportivas, es posible mantener la calidad gracias a técnicos deportivos motivados, ilusionados con su trabajo y que ofrezcan, por supuesto, un mayor esfuerzo. Lógicamente, si la situación es muy extrema, habrá que eliminar aquellas actividades menos rentables.

La gestión de los centros deportivos también debe ser más eficiente, empezando por políticas de reducción de gastos fijos y variables (agua, electricidad...), siguiendo por medidas que fomenten el ahorro (programas informáticos, gestión de procesos, cuadro de mando, mantenimiento preventivo, externalización de servicios...), y finalizando por los recursos humanos. Respecto a la gestión del personal, es obligado buscar la polivalencia del trabajador y un mayor rendimiento del equipo directivo, reduciendo éste al mínimo imprescindible.

Conclusión

La situación actual de los ayuntamientos es insostenible y las medidas, algunas apuntadas en este artículo, deben ser drásticas. Por tanto, ¿qué medidas se deben tomar? Hay que ser ingeniosos, creativos y valientes. Y cada administración pública deberá hacer sus deberes, unas con más esfuerzo o sacrificio y otras con menos, dependiendo del camino andado.



sábado, 25 de enero de 2014

¿Cómo hacer un Plan de Comunicación para un centro deportivo?

En esta entrada presentamos un interesantísimo enlace que nos mostrará un completo guión a seguir, para la realización de un Plan de Comunicación de un centro deportivo de nueva apertura. En él se muestran  todos los factores que son importantes para llevar a cabo un correcto diseño del mismo: posicionamiento, target, estudio de mercado y acciones principales.


miércoles, 22 de enero de 2014

¿Qué indicadores de gestión son importantes en la dirección de un centro deportivo?

Recientemente, en una entrevista que mantuve con el Director General de una compañía que está en pleno proceso de expansión en el ámbito de la gestión de centros deportivos de última generación, éste me preguntaba cuáles creo yo que son los indicadores de gestión que mejor definen si un centro deportivo funciona bien o no.

Haciendo un ejercicio de reflexión y pese a que, podríamos hacer referencia a multitud de cuestiones que hay que tener en cuenta como indicadores a la hora de gestionar un centro deportivo, creo que debemos considerar como capital el capítulo de los costes de personal. El control de dichos costes es absolutamente crucial en el buen funcionamiento de cualquier centro deportivo,  ya que estos han de considerarse el punto de partida para determinar cual es la ocupación mínima y por ende los ingresos que ha de tener una actividad para comenzar a ser rentable.


Pero asociado a esto, hemos de tener en cuenta también algo que suele descuidarse muy a menudo a la hora de calcular rentabilidades:los costes indirectos.  Es muy necesario llevar a cabo una contabilidad de costes lo más exhaustiva posible, donde se tenga en cuenta como influyen el resto de los costes (mantenimiento, limpieza, consumos, etc.), en cada una de las actividades del centro, ya que de esta manera sí que empezaremos a aproximarnos al coste real que tiene cada una de ellas y podremos empezar a conocer los números de ocupación en que éstas empiezan a ser rentables.

En en relación con la ocupación, debemos considerar a ésta como otro de los indicadores fundamentales en la gestión del centro, ya que es lógico pensar que si tenemos unas ocupaciones elevadas en las actividades de nuestro centro deportivo, significa, en cierto modo, que el personal del mismo trabaja de manera adecuada. Si bien no podemos pensar que el centro, un área o una actividad en concreto van bien mirando los ratios de ocupación  (porque esto va a depender también de otros indicadores cuantificables como los que hemos comentado anteriormente: relación entre ingresos - costes directos - costes indirectos), si que nos dará una idea clara de si las cosas se están haciendo adecuadamente o no por parte del personal del centro. Esta es una cuestión que obviamente es de importancia capital, ya que por muy atractiva que sea la oferta de éste, por moderna que sean las instalaciones y su equipamiento, o por bien situado que esté, si la calidad en el servicio falla, la ocupación se va a acabar resintiendo a medio - largo plazo y como consecuencia de esto, la cuenta de resultados.

En el enlace de más abajo podemos consultar un interesante artículo relacionado con el tema de los indicadores tratado en esta entrega, que espero resulte interesante.



jueves, 16 de enero de 2014

¿Qué podemos hacer para mantener la sostenibilidad económica de nuestra organización deportiva?

Los últimos cambios económicos acontecidos a nivel mundial desde el comienzo de la crisis actual, en el año 2007, han propiciado continuas modificaciones del panorama socieconómico y también en el ámbito local. La disminución de la actividad económica, el incremento del desempleo, y una mayor rigidez en los mercados financieros ha traído consigo una reducción de los ingresos municipales y limitado el acceso a las líneas de financiación del sector bancario.

Esta situación nos lleva inexorablemente al aprendizaje de que cualquier inversión encaminada a la ejecución de instalaciones deportivas, debe ir acompañada de un plan de viabilidad de dicha instalación -incluso cuando esa instalación haya sido financiada con aportaciones públicas de otras instituciones- que nos muestre de forma clara y verosímil la rentabilidad económica de la instalación. Dicha conclusión se observa en la realidad de muchas entidades locales, que tienen que soportar unos elevados costes de mantenimiento y gestión de algunas instalaciones, que a pesar de contar en su momento con presupuestos para su construcción, ahora se ven perjudicadas por tener que soportar un gran porcentaje de la partida municipal destinada al sostenimiento de dichas instalaciones. Por otro lado, tampoco podemos descuidar aspectos cada vez más demandados por los usuarios/clientes de las instalaciones deportivas, como es el nivel de calidad en el servicio prestado.


Con todo ello la pregunta indispensable con la que comenzaba el texto de este debate que plantamos es: ¿Qué podemos hacer para mantener la sostenibilidad económica de nuestra organización deportiva?

martes, 14 de enero de 2014

La comunicación en la empresa como función estratégica

INTRODUCCIÓN

La comunicación (el famoso acto de poner en común) juega un papel fundamental en el desarrollo de cualquier interacción humana, máxime cuando su campo de acción se circunscribe a la actividad laboral, en donde es preciso que los mensajes sean leídos con un mínimo de distorsión para alcanzar un desempeño eficiente. 


Una consultora independiente realizó en 2007 una investigación sobre comunicaciones internas en las organizaciones. En una de las preguntas se pidió a los empleados de distintas empresas que enumeren cuáles serían los beneficios de contar con una buena comunicación:


  • El 25% hizo mención a una mayor eficacia en la tarea.
  • Un 18% dijo que permitía alinear a toda la organización.
  • El 17% contestó que agilizaría los procesos internos
  • Un 14% que crearía sentimientos de pertenencia y motivación.
  • Y una idéntica proporción afirmó que mejoraría el clima laboral, tal vez como consecuencia directa de lo anterior.
En suma, los beneficios de contar con una buena comunicación interna son beneficios económicos concretos y no una extravagancia que se permiten las grandes empresas para lograr diferentes certificaciones.

Son beneficios concretos porque sus riesgos son reales: una mala comunicación afecta al trabajo: se demoran, se duplican o se pierde calidad en las tareas, baja la productividad, hay desmotivación, incertidumbre, etc. Perder eficiencia significa perder dinero.


LA COMUNICACIÓN EN LA EMPRESA COMO FUNCIÓN ESTRATÉGICA

El contexto en que se desenvuelven las empresas sin duda ha cambiado. La globalización plantea escenarios distintos a los acostumbrados entornos poco estables en los que la empresa está hoy, más que antes, afectada por sucesos que se producen en lugares muy alejados del planeta.

En este nuevo contexto, la comunicación adquiere un rol fundamental como correa de transmisión de la organización para su funcionamiento operativo, y subraya su importancia como elemento constructor de la identidad y la cultura. La identidad de la empresa, su personalidad, es un activo más preciado porque es el único elemento que le permite diferenciarse de la competencia. Lo que una empresa comunica no es nada más ni nada menos que lo que la empresa es, las competencias que la hacen fuerte y digna de reconocimiento. 

La comunicación es una función estratégica y apoya estructuralmente el proyecto empresarial, en tanto se convierte en un instrumento para la calidad.

Esto se logrará si los mensajes fluyen adecuadamente y si la arquitectura de la organización está acorde para lograr una comunicación que esté integrada con sus objetivos.

Desarrollar canales para una buena comunicación repercutirá sobre la percepción que el entorno tiene de la empresa.

Las empresas con los mejores estándares de servicio le otorgan a la comunicación una importancia estratégica. Se comunican internamente para motivar a sus empleados y mantenerlos al tanto de los éxitos y fracasos de la organización y asegurar que las metas y objetivos son bien comprendidos por todos. Las comunicaciones internas colaboran en la creación de compromiso de parte de sus integrantes y la cohesión de los valores que forman parte de la cultura. Se trata de poner a disposición de los empleados aquella información que puede ser de utilidad para su gestión y favorecer la participación.

Las comunicaciones externas tienen como objetivo que los clientes y el entorno comprendan lo que la compañía ofrece: generar credibilidad, estar por delante de las expectativas de los clientes e integrar las sugerencias e ideas de los mismos en la oferta de servicio de su organización. 

De esta manera, los clientes satisfechos se convierten en clientes comprometidos, y ala gente comprometida le encanta hablar de sus compromisos.

Para que esté organizada, la comunicación de la empresa debe ser abierta, para comunicar con el exterior (medio): tener una finalidad, es decir, debe estar vinculada a objetivos y un plan conjunto; debe ser multidireccional, es decir, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, transversal, interna-externa, etc.; debe estar instrumentada y valerse de herramientas, soportes, dispositivos e indicadores seleccionados en función de los objetivos; debe estar adaptada integrando sistemas de información administrables y adaptados a las necesidades específicas de cada sector.

El desafío de las empresas modernas es comprender que la inversión en un "intangible" como son las comunicaciones devuelve beneficios que si bien no pueden medirse en parámetros "contables", ayudan a constituir las percepciones que los distintos públicos (tanto internos como externos) tiene  de sus acciones y a transmitir los valores que constituyen su médula espinal.

lunes, 13 de enero de 2014

¿Estás seguro de que no eres un mal jefe?

Del blog de neurociencia aplicada a la empresa de nuestro amigo Antonio Ruiz, extraemos este interesantisimo artículo (acceso en el link de abajo del todo) que nos ayudará analizar si nuestro desempeño como directivos o jefes está o no a la altura de las circunstancias.

Desde Jmdelgado Feel Good os animamos a todos aquellos que ejercéis como jefes en cualquier tipo de entorno empresarial, a hacer una autovaloración consistente en la pregunta que da título a esta entrada:


¿ESTÁS SEGURO DE QUE NO ERES UN MAL JEFE?